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Los cambios (II)

In Diario de vida on 27 marzo, 2007 by santoposmoderno

(Hace rato que no posteaba, pero la entrada anterior vaticinaba una segunda parte o algo por el estilo. Así que aquí me reivindicaré y hablaré de lo que nos convoca, es decir, de "los cambios")

Mucho se ha dicho y escrito acerca del Transantiago. Litros y litros de tinta, así como mucha perturbación del aire (así es como me conceptualizaron el sonido en el colegio). Y no sólo eso: bencina, fuego, robos y todas esas payasadas en las que incurren esos grupos de vándalos que se aparecen cada vez que hay algún tipo de manifestación pacífica en Santiago (es decir, pingüinos, viudas, indigentes y todos esos grupos dejados por la ola). Pero bue, no es hora de hablar de ellos. Relataré cómo ha incidido la puesta en marcha del Transantiago en la vida de un ser humano como yo.

Transantiago y yo

Los antecedentes

  • Andén de la estación Cumming (L5)
    Creative Commons Caglieri
    Estación Cumming (L5)

    Vivo en la zona A. Esto significa que cerca de mi casa no pasan alimentadores, sólo pasan troncales (los cuales tienen una frecuencia mayor).

  • Vivo a una cuadra de una estación de Metro. Es la segunda desde que empieza el recorrido por lo que es virtualmente imposible que llegue el tren lleno.
  • La estación cerca de mi casa y la estación del campus San Joaquín quedan en la misma línea (L5) por lo que no tengo que hacer transbordos para ir a la U. Un viaje promedio entre ambos puntos me toma 20 minutos, aproximadamente.

Como podrán darse cuenta, mi vida difícilmente puede verse afectada con el Transantiago. En mi posición privilegiada sólo puedo hablar de las bondades del sistema y poco de las maldades.

Las bondades

  • El sistema de pago permite hacer muchos viajes con solo cancelar un boleto. La mayoría de los lugares a los que voy quedan a pocos minutos de mi casa, por lo que en un buen día puedo hacer un viaje de X1 -> mi casa -> X2 pagando una sola vez (= $130 pesos).
  • El metro pasa justo por la calle donde vivo. A alguien se le ocurrió que no tenía sentido que las micros siguieran pasando por ahí. Ahora mi calle es silenciosa y más segura (en el sentido de morir atropellado).
  • Algunos tiempos de viaje se han reducido notablemente (por ejemplo, el de viajar desde Campus Oriente hasta mi casa me toma entre el 50 y 60% de lo que me tomaba antes [relación que no sucede en la dirección opuesta]).
  • Las micros (o buses) paran efectivamente en los paraderos y no siguen de largo siguiendo los caprichos del micrero (usualmente decidido a no pararle a estudiantes).

Las maldades

  • Paradero del Trole (Quito)
    En Quito, el sistema era menos caótico

    La menor frecuencia de buses en ciertas zonas. Por ejemplo, en Los Leones. Para ir a Campus Oriente tengo que bajarme en estación Los Leones, caminar dos cuadras y tomar cualquiera de estas dos troncales: 104 ó 212. Pero pueden pasar fácilmente 10 minutos sin que pase ninguna. Lo que definitivamente no la lleva. Lo peor es que a veces (muy pocas) se demora 3 minutos en pasar. Y entre 3 y 10 minutos (o más) hay una diferencia no menor.

Los cambios

  • La micro ya no pasa por mi calle. Ahora los paraderos me quedan como a 2 ó 3 cuadras. No es algo que yo considere propiamente malo. De hecho, es bueno en algún sentido. No se justifica para nada tener paraderos en cada esquina. Además el ruido a disminuido bastante (ahora puedo dormir hasta más tarde).
  • La versatilidad de los recorridos. Es una cuestión personal: me gusta revisar el mapa de Transantiago y ver cómo llegar de dónde hasta dónde, cuál es la mejor combinación, rutas alternativas, etcétera.
  • Ir a la casa del Almorcito. Antes tenía que caminar hasta la Alameda y esperar a que me parara la 428, la 311 o la 141 (cuál de las tres más hidepú). Hoy por hoy, camino hacia Quinta Normal y tomo la I-10 que es una alimentador que —por alguna razón que desconozco— pasa por la zona J (relativamente cerca de mi casa). El tiempo de caminata es aproximadamente el mismo, pero lo bueno es que la micro no sólo se detiene en el paradero que le corresponde, sino que además viene vacía porque el recorrido recién comienza unas cuadras más adelante. (Mucha suerte).

En suma, el sistema de transportes que trae a los santiaguinos de cabeza me terminó beneficiando bastante. Son los beneficios de vivir en el centro. De cualquier forma es imposible no solidarizar con los miles de personas que estás sufriendo por culpa de esta situación. Ojalá se arregle esto y pueda ser de utilidad para todos.

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Una respuesta to “Los cambios (II)”

  1. Q lindo el Almorcito bello en la fotooooo
    :d
    delicioso!Si pue` Almorcito, en el centro cualquiera :PMenos mal q no es tan complicado visitarnos. No más q me da julepe Quinta normal en la noche :sTengo fri-frio butín, y te extrañoooo!!mhu mhús para ti!*Ceci*

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