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Cloé y tú

In Cuentos on 22 enero, 2007 by santoposmoderno

A Cloé le gustaba llamar a horas imposibles. Las primeras veces conseguía despertar a medio mundo en la casa. Por supuesto, todos consideraban que "estas no son horas de llamar a una casa decente". Pero a Cloé no le importaba nada de eso porque era incapaz de discernir lo que era decente o indecente en el estado en que se encontraba.

Siempre se escuchaba un sollozo al otro lado del teléfono. Decías: "¿Cloé?" y ella te hablaba despacio, susurrando. Te hablaba con una extraña calma de alguien que está destrozado por dentro y es incapaz de seguir llorando. Quizás por un impulso un poco morboso daban ganas de oírla gritar y respirar entrecortadamente mientras se tragaba sus propias lágrimas. Pero nunca lo hacía. Siempre llamaba después de eso. Siempre después de la tormenta.

Al final te acostumbras a despertar con el primer ring del teléfono, sin importar la hora que fuera. Un reflejo casi pavloviano. Cualquier cosa por evitarse la furia familiar. Escuchas a Cloé una hora sin decir nada. O casi nada. "Ahá" y "m-hm" cada ciertos intervalos para confirmar que estabas ahí. Escuchabas durante una hora su sufrimiento. Era una extraña forma de sufrir la de Cloé. No se quejaba de nimiedades ni le echaba la culpa a otros. Después de un rato terminabas encontrándole razón. De hecho, terminabas convencido de que Cloé no se merecía su sufrimiento.

Al día siguiente era imposible no toparse con ella en el recreo. Nunca salía corriendo o tenía algo demasiado importante que hacer como para no esperar ahí un rato. Te topabas con ella y ella te sonreía, tal vez le brillaban un poco lo ojos. Tal vez no, tal vez era pura imaginación. Se acerca y te da un beso en la mejilla, un verdadero beso en la mejilla. Sabías que ella cerraba los ojos cuando hacía eso.

Te pregunta algo de tu vida, nunca demasiado entrometida aunque hubieras deseado que sí lo fuera. Tantas noches escuchando sus penas que probablemente era la única persona a quien querrías contarle tus cosas. Pero ella no te apuraba, y tú tampoco la obligabas a escuchar tristezas. Ella debía tener suficiente con las suyas como para querer escuchar las tuyas. Cloé escuchaba atentamente lo que decías y no sólo te ponía atención, parecía que entendía también. Y te entendía de verdad, no de mentira.

Probablemente la deferencia de Cloé era la forma de pagar tus noches en vela. A cambio de tu amistad ella te entregaba la suya sincera. Era un buen intercambio. Se sentía bien.

¿Por qué nunca invitar a Cloé a dar una vuelta a Providencia? O juntarse en la casa tuya o en la de ella. Hubiese sido dar un paso más allá, un paso importante (quizás más para ti que para ella, cómo saberlo). ¿Cómo sería Cloé fuera del colegio? Imaginársela sin el jumper de siempre era todo un desafío. Incluso en los días en que estaba de moda llevar pantalones, Cloé llevaba jumper. Sólo para las alianzas aparecía Cloé con ropa de calle. Cloé con una jardinera azul ayudando a pintar un lienzo, Cloé con una jardinera azul ensayando los gritos con los niños más pequeños, Cloé con una jardinera azul tirando una cuerda o cayéndose al barro.

En algunas clases de matemáticas, cuando todos estaban haciendo la guía pero tú ya habías terminado, era divertido imaginar a Cloé con distintos accesorios y dibujarla en los márgenes. Cloé con una jardinera azul y un sombrero de payaso, Cloé con una jardinera azul y una humita, Cloé con una jardinera azul y con cara de mimo.

Cloé nunca estaba fuera de sí. En realidad, casi nunca. Sólo había un momento del día en que podís verla completamente diferente. Aparecía Begoña y Cloé ya no era la misma.

Begoña: esa adolescente despreciable, imitación de pop idol con sus interminables aires de grandeza, mirando por encima del hombro a medio mundo, y preocupada de las cosas más insignificantes del universo entero. Begoña la culpable de todo.

En el almuerzo familiar la mamá pregunta: "¿Y cuándo vas a invitar a tu amiga?" Y dices cualquier cosa y no puedes evitar pensar que los papás nunca tienen idea de nada. Pero la pregunta es legítima y después del almuerzo te cuestionas si valdrá la pena llamar a Cloé e invitarla un día.

Cuando Begoña aparecía ante sus ojos, sabías que a Cloé se le detenía el corazón. Sabías que Begoña era directa e indirectamente la causante de todo el sufrimiento de Cloé. Cloé podía disimular cualquier cosa excepto a sí misma cuando veía a Begoña. Y en ese momento te dejaba de escuchar atentamente, dejaba de entenderte, dejaba de ser tu amiga y probablemente dejaba de ser persona también. Porque el amor por Begoña la invadía completamente y se convertía en un autómata. Y ahí sí le brillaban los ojos. Y estabas seguro de que no era tu imaginación.

4 comentarios to “Cloé y tú”

  1.  Estoy tan contenta con esta creación tuya, me alegra muchísmo que hayas escrito este cuento y no tengo muy claro porqué. Supongo que escucharte nombrar a Cloé de vez en cuando, con esa fascinación que te brotaba desde muy adentro y emergía de tus labios cuando la nombrabas sin imaginarme el tremendo personaje que estabas gestando, es lo que más me llena de orgullo. Sí, esa es la palabra, me siento profundamente orgullosa de ti y de mi por haber presenciado parte de tu proceso creativo, lamento ser tan autorreferente, aunque lo creo necesario, pero este orgullo que siento me hace sentir importante también. Me encantó el cuento, me encantó Cloé y el final inesperado y preciso. Creo que es la historia más linda que has creado, dentro de las que yo conozco. Te felicito, de verdad.
     
    Es sublime y eso lo hace fascinante y envolvente. Te invita a entrar a un pequeño mundo que a la vez amplía el tuyo propio, el mío propio. Yo siento que se me llena el corazóin de emociones y empatía, de diversas identificaciones con los personajes, que parecen tan cercanos, aunque no los son, como la misteriosa Cloé.
     
    Amaranta

  2. Que buena histora…
    Me gustan esos finales inesperados, de personajes un poco misteriosos… cuántas Cloé rondarán por nuestras vidas, siempre hay alguien que llama a horas inesperadas, con algun tipo de pena, alegria o borrachera, y que al cortar el telefono te cuestionas qué es lo que ira ser de su vida, o bien de la tuya. Pero después dejas esos cuestionamientos existenciales, cierras los ojos y vuelves a dormir.
    En fin.. me gustó harto la historia…
    Suerte en las vacaciones!
    Fa

  3. Cloé es un nombre que te gusta, pero supongo que como es raro para una hija vas a tener que darle vida en otras formas. Sería bkn que siguieras escribiendo sobre ella, no crees? quizá sería tu primera novela..sería choriflai.Q heavy la forma de Cloé de relacionarse con los otros, nunca antes vista para mi. Quizá sean esas irrealidades en los personajes las que los hacen tan reales y deseables. Paradójico? alomejor por eso mismo se hace más real…Besitos para ti mi Almorcito precioso!!!!mhúuu :Xnos vemos mañana😉

  4. q buen relato…
    hay muchas cloe rondando cada rincon de este planeta. Al parecer eres de los pocos que se dan cuenta de ello.
     
    saludos!!

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