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Hey, Pluto! C’mon boy!

In Cuentos on 8 septiembre, 2006 by santoposmoderno

Hey, Pluto! Come on, boy!

Por primera vez hacía mucho tiempo que su amigo no respondía a su llamado. El grito, más que un mandato, era una cábala, era la forma como durante décadas ambos habían comenzado cada jornada de trabajo.

Buscó tras bambalinas pero no halló nada. Cuando el director empezaba a impacientarse pensó que podía tratarse de algo serio. Y dijo:

– Iré a ver al camarín.

Y ahí lo encontró sentado junto al tocador, con la cara demacrada, media amarillenta, como si algo anduviera muy, muy mal.

– Te estamos esperando –le dijo.

Su compañero lo miró a través del espejo pero no dijo nada.

Mickey entró despacio y cerró la puerta tras de sí. Se sentó a su lado.

– ¿Tienes un cigarrillo? –le preguntó Pluto.
– No. No fumo.

Hoy era un mal día para Pluto. Cuando abrió el periódico en la mañana se enteró de la fatídica noticia: Un grupo de astrónomos votó por amplia mayoría que Plutón ya no conservaría su estatuto de planeta.

– Hoy no puedo trabajar –le dijo sin despegar los ojos del espejo–. Creo que mejor voy por algo al bar.

Mickey dudó un instante.

– Está bien –dijo–. Les diré a los muchachos. Nos vemos allá.

Minutos más tarde Mickey entró a aquel lugar que hacía tantos años no visitaba. Que por esa razón le evocaba recuerdos ambiguos, repulsivos a veces. Se trataba de una sensación que hacía años había decidido sepultar.

Se sentó a la barra junto a su amigo y saludó al cantinero con decisión. Pero cuando este le devolvió la mirada, Mickey no pudo evitar mirar a un costado.

– Hola, Pete –dijo al fin.
– ¡Mick! Tanto tiempo, hombre…

Pluto acababa de terminarse un vaso.

– Danos dos whiskys –le dijo a Pete–. El mío que sea doble.
– Este… –titubeó Mickey– voy a preferir una Coca-Cola.

Mickey notó la sonrisa que se dibujó en los labios de Pete. Pero este no emitió ningún comentario. Se alejó en busca de la Coca-Cola.

– No es el final… –dijo Mickey–. Estas cosas pasan. Ya verás como en un tiempo más no tendrá importancia.
– Tú no sabes. –La voz de Pluto era tan sombría que Mickey pensó por un instante en la situación y sintió que estaba haciendo el ridículo.

– Uno doble –intervino Pete sirviendo el vaso de Pluto–. Y el refresco.

Cuando Pete se fue, dejó un silencio que incomodaba especialmente al ratón. Por su parte, Pluto, no parecía prestar mayor atención a su amigo. Sólo después de unos minutos que parecieron interminables, habló:

– ¿Acaso te olvidas de hace veinte años? –preguntó Pluto sin mirarlo siquiera– ¿Te olvidas de esos guitarristas drogadictos vistiendo poleras de Mickey Rat?

Por supuesto que Mickey recordaba aquella época. Sin lugar a dudas, el punto más crítico de su carrera. Su depresión, las continuas amenazas de despido por parte de Estudios Disney. Una época en la que aparecieron nuevas caras, que hablaban de una revolución en la animación. Hologramas y tercera dimensión cuando sólo el 1% de los americanos tenía computador en sus casas. Sí, definitivamente una época llena de tribulaciones. Los animadores se dedicaron a las megaproducciones. Una cada año. Cómo olvidar a La Sirenita, Aladdín, El Rey León. Todos estos esfuerzos que parecían querer ocultar el fracaso vital de Mickey Mouse. Las acciones de Disney habían bajado y su imagen ya no vendía más que la de El Fantasma del Espacio. Minnie había amenazado con dejarlo. Y para colmo, aparecían esos rockeros desaliñados vistiendo prendas con sátiras de él mismo. Como si quisieran burlarse de su decadencia.

Mickey sabía lo que significaba eso. Sabía que Pluto estaba en un hoyo y que sería muy difícil sacarlo de ahí.

– ¿Cómo está Max? –preguntó evitando el tema. Pero su voz, que le salió como un hilo, delató sus pensamientos oscuros.
– Bien –respondió Pluto.

Y añadió: – Los Estudios le ofrecieron una nueva película junto a Tribilín. "Goofy 3" creo que se va a llamar. Deberían darles un Oscar a estos tipos por su creatividad.

Mickey soltó una risa. Una exactamente igual como las que hacía para la TV. Por esa razón se llevó las manos a la boca y susurró algo así como una disculpa.

– Ese chico llegará lejos. Ya lo ves, lleva solo un par de años y ya hace papeles protagónicos. Es mucho mejor que yo. Cuando lo veo en sus películas me cuesta creer que no es el hijo verdadero de Tribilín. Su madre estaría orgullosa de él…

A Mickey no se lo ocurrió otra cosa más que poner la mano sobre la espalda de su amigo.

– Tú siempre tendrás tus fans –lo consoló–. A pesar de todo, eres muy popular entre los niños más pequeños.
– Ya nada es como antes, Mickey. –Le hizo una seña a Pete para que rellenara su vaso. –Recuerda los viejos tiempos. ¿Quién fue el que estuvo junto a Walt para perseguir a esos comunistas? ¡Entonces dimos una gran batalla para atrapar a los traidores! Y ahora que Walt se ha ido… ¡Fíjate que volvieron los rumores de que lo tienen criogenizado! La gente no tiene idea de nada…

Continuó hablando del pasado y del presente, del futuro –como lo veía él– y de los problemas de Estudios Disney. Mickey lo escuchaba con atención, pero no sin una pizca de compasión. Al cabo de unas horas sintió que había escuchado lo suficiente. Miraba cómo Pluto se encorvaba más y más con el vaso en la mano y tuvo lástima de él. Sabía que no era mucho lo que podía hacer. Por eso pidió a Dios por su bienestar.

– Creo que ya es hora de irme –dijo mirando el reloj–. Minnie seguramente debe estar preocupada.
– Oh, claro.

Mickey tomó sus cosas y se levantó del asiento.

– Buenas noches, Pete.

Pete le contestó desde el otro lado de la barra.

– Gracias por escucharme.
– Vamos, muchacho, para eso estamos los amigos –y cuando dijo eso, pensó que estaba parafraseando alguna de sus líneas–. Ya sabes, si tienes problemas puedo hablar con el Reverendo…
– Sí, gracias Mickey, ya me lo dijiste.
– Como quieras. Buenas noches.

Pluto siguió sentado terminándose su cuarto o quinto vaso.

– Ya vamos a cerrar, amigo –dijo Pete tomando el vaso vacío de Pluto para lavarlo y guardarlo.
– Sí, por supuesto. ¿Cuánto te debo?
– No te preocupes, no pude evitar escuchar. Esta vez la casa invita.

Pluto quiso mover la cola en forma de agradecimiento. Pero no pudo. Se levantó pesadamente de su asiento y se volteó para irse. Cuando estaba por salir Pete le gritó:

– Lo siento, lo siento de veras.
– Adiós, Pete –respondió Pluto.

Fue lo único que atinó a decir.


* [Perdió contingencia pero no lo quería publicar hasta que fuera juzgado en el Taller de Cuentos. No le fue tan mal como pensé.]

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3 comentarios to “Hey, Pluto! C’mon boy!”

  1. Heavy—

  2. excelente el cuento, en realidad me dio pena el pobre pluto…. snifff.
     
    Saludos!!………..Silvana

  3. Almorcito, q chistoso q Mickey tomara Coca-cola y q persiguiera a los comunistas. Es muy él!😄
    guardemos un minuto de silencio por Pluto…

    Esta weno el cuento almor.
    Te almo todo, todooo!
    besitos y suerte con las lecturas :X

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