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Man in the Box II

In Diario de vida on 23 mayo, 2006 by santoposmoderno

Cuando don Juan entra al archivo (área restringida) me ve sentado en el suelo guardando fichas. Parece que notó algo raro en mí, tal vez un cansancio, una mala cara, o simplemente recordó en qué consistía realmente mi trabajo. La cosa es que se dirigió hacia mí comentándome su inquietud.

Algo así como adivinándole el pensamiento (y queriéndome justificar de algo) le digo:

– Le voy a contar un experimento que hicieron una vez en psicología. Imáginese que hay dos personas que les hace hacer un trabajo de mierda. Pongámosle que les dicen que agarren la guía telefónica y copien en un papel todos los nombres que aparezcan con Z. Terminada la tarea van y a la primera persona le pagan treinta mil pesos. A la segunda persona le pagan sólo mil pesos. Entonces, cuando le preguntan a la primera persona cómo había sido su trabajo, dice que fue una basura, que lo pasó pésimo. Y cuando le preguntan a la segunda persona por su trabajo, dice que fue piola, que no era tan terrible. ¿Por qué la persona que recibió más plata se quejó más y la que recibió menos se quejó menos? Pasa que si uno hace un trabajo desagradable y le pagan poco, uno no puede aceptar tal incongruencia e insatisfacción. Y para remediarlo se obliga a pensar que el trabajo no pudo haber sido tan malo… ya que no se puede remediar la conducta podemos cambiar la actitud.

La Paula que estaba escucando me dice:

– ¿Eso te lo pasaron en Social?
– Sí, Festinger, ¿no?

La teoría en cuestión es la de disonancia cognitiva. Según Gissi, Festinger no dijo nada nuevo que no estuviera ya antes en Freud. Supongo que se refiere al mecanismo de racionalización.

En un momento de debilidad posterior…

 – ¿Sabes? -le digo a la Paula- Demás que el inconsciente psicoanalítico es pura mula. O sea, no pura mula: en efecto tiene algún peso. Pero de ahí a que sea la razón de todo…

Más tarde…

– Paula, ¿qué harías si viene un extraterrestre en la noche y quiere hacerte el amor?
– Mm… hay dos opciones: la primera es que pase y después invoco la negación.

Me reí.

– ¿Y la otra?
– Es que me escinda.
– ¿Y pienses en un helado de chocolate?

Más risas.

Minutos más tarde no podíamos recordarnos de esta conversación.

– ¿Qué te dije denantes que nos reímos? -pregunté.
– ¿Lo de Román?
– No, lo otro.
– Mm… No me acuerdo -me dice Paula-. Quizás lo reprimimos.
– Ya, quizás era algo tan chistoso que nos provocaba placer sexual.

Después de muchos minutos y utilizando todas las técnicas cognitivas de recuperación de la memoria, recordé la conversación. Y sí: lo habíamos reprimido por su carácter sexual.

Le cuento a la Paula.

– ¿Viste? -me dijo. Eso te pasa por andar difamando a Freud

…qué miedo Freud.

Una respuesta to “Man in the Box II”

  1. Jajajaja…
    ¿Qué dices del Icc??
     
    Hasta Hartman se reiría de nosotros (esto de la adaptación del yo parece ser importante en ocaciones como ésta… ya sea por trabajo ingrato o por extraterrestres y placer sexual -quién lo diría!… claro… Freud lo diría!-)
     
    Segunda conclusión de la jornada: quienes niegan a Freud caen en algún tipo de represión que les impide recordar ciertas cosas… como lo que le pasó a Watson que sólo recordaba lo observable.
     
    La advertencia está hecha.
    Que nadie (más) lo discuta.

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