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Al otro lado de los Andes

In Viajes on 4 febrero, 2006 by santoposmoderno

Argentina es la baratez. Comprobamos lo que siempre habíamos pensado y es que si tienes poca plata lo que conviene es veranear en el extranjero. Un peso argentino son como 175 pesos chilenos. Y aquí casi todo vale uno o dos pesos. Fíjense que en Mendoza dormimos por 15 pesos (= 2625 pesos). Y estuvimos a punto de cenar en un "tenedor libre" (= buffet) por 18 pesos (= 2800 pesos).

Digo que "estuvimos a punto" porque tuvimos ciertos percances. De hecho, el primer día en Argentina tuvimos muchos percances. Partiendo porque llegamos demasiado temprano y estaba todo cerrado. Vimos un lugar que era bueno para desayunar y como estaban abriéndolo, decidimos esperar. Terminamos esperando una hora sentados afuera. ¡Una hora con HAMBRE! Y más encima resultó que los Súper Panchos (= completos) que vendían ahí eran un fiasco: mayonesa y kétchup.

Filo.

Fuimos a buscar alojamiento. Caminamos su buen resto con las mochilas y llegamos a un hostal que nos cobraba 15 pesos. Decidimos seguir dando vueltas para vitrinear y comparar precios. Al final era el más barato y tuvimos que volver. «Vuelve el perro arrepentido con el rabo entre las piernas y el hocico partido», dijo la Ceci.

– Volvimos -le dije al dueño-. Al final Uds. eran los mejores.
– Ya lo sabía -me dijo con la humildad que caracteriza a los argentinos.

Para la felicidad de nuestros padres (y la decepción de nuestros demás lectores), las piezas eran separadas por sexo. Los que tienen sexo en una. Y los que se abstienen en otra.

Ja. No. Hombres y mujeres separados.

Al final estuvimos casi dos días en Mendoza: la auténtica ciudad de los Andes. Estos mendocinos se apropiaron de la cadena montañosa que empieza en Venezuela y termina en la Antártica (chilena). Allá todo era "auténticamente de los Andes". El agua: con sabor de los Andes. La cerveza: con sabor de los Andes. Las tiendas vendían sus productos con la calidad que le confería "los Andes". Heladerías, chocolates, ropa… en fin, aquí supimos que la cordillera era de los argentinos.

Sigo con el día funesto: quisimos ir al "tenedor libre". Para eso hicimos hambre toda la tarde. Para llegar y comernos el restaurante entero. Cuando llegamos, cerca de las 7 de la tarde, vimos en el cartel que abrían a las ocho y media. Entonces dejamos que nuestro estómago rugiera su hora y media más. Nos dimos unas vueltas y llegamos medios-desmayados a "Las Tinajas", que era el susodicho restaurant. Había como ocho mil chinos en la entrada. Ocho mil chinos. Pésimo augurio. Para más remate son hediondos los loquitos.

Esperamos.

Y esperamos.

Y esperamos.

Y puesto que no abrían nunca fuimos a preguntar qué onda.

– Está malo el extractor de aire y tienen que esperar a que lo arreglen. Más o menos a las nueve.

Falso. A las nueve y media desistimos de nuestra misión: comer libremente. Caminamos buscando otro lugar. Nada nos satisfacía. Entonces mi paciencia llegó a un límite y dije: en la próxima cuestión que encuentre me siento y como aunque cueste mil pesos (argentinos, se entiende). Llegamos a una tienda donde vendían pastas. La Ceci pidió una lasagna. ¡Y no había!

Se van a la mierda. Nos fuimos.

Llegamos a otro lugar. Y un viejito nos empezó a vender la pomada de que este era el mejor lugar para comer, porque era económico y no sé cuántas barbaridades más. A ver, viejito, ¿tiene lasagna? ¿Sí? Entonces, de aquí somos.

Nos sentamos y pedimos las gaseosas (= bebidas). Llega la camarera con las botellas y ¡taa! me la da vuelta en el pantalón.

Basura.

Después de comer nos fuimos a la Terminal (nótese que aquí es femenino). Y nos compramos los pasajes a Buenos Aires para el día siguiente a las ocho de la noche.

Ya cerca de medianoche, nos fuimos a buscar carrete pero descubrimos que los argentinos son tan evolucionados que no utilizan las danzas de apareamiento (= discotecas, pubs, música). Ellos simplemente se sientan alrededor de una mesa a conversar (= bar). Y como dice el refrán: «donde fueres haz lo que vieres». Nos sentamos y nos tomamos unas cervezas.

Al día siguiente conocimos un poco más la ciudad. (Las fotos están arribita). Y a las ocho partimos a Buenos Aires en un Andesmar que resultó ser más lujoso de lo que creíamos.

Llegamos hoy en la mañana con un hambre que te lo compro. Hemos sacado algunas cuentas y parece que si seguimos gastando la plata que gastamos no vamos a llegar a ninguna parte. Y menos a Brasil. Y en el mejor de los casos, llegamos y no nos podemos regresar.

Pero ya se verá. Todavía vamos en el… ¿tercer día? Ja, ja. ¡Recién!

Un saludo porteño para todos. No se cambien de canal😉

Tags: viajes, argentina, mendoza

4 comentarios to “Al otro lado de los Andes”

  1. Santo!! yo tb ando en buenos aires!!! en que barrio te estas quedando??? manda un mail fvvalenz@uc.cl para ver si nos saludamos
     
    un abrazo
     
    pancho valenzuela
    colega ceps

  2. JAVUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU
    TENGO SPAAACEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE

  3. WAJAJAJAJA, NO TE CREEEEO, mensaje de tu amigo Pancho ?? jajajaja, las vueltas de la vida…

  4. Partnä por el mundo!! O bueno, al menos por Südamerika. Emocionantes tus días… me recuerdan aquellas jornadas donde me dedicaba a transcribir todo lo que me pasaba en estas tierras teutonas.. ahora estoy hecho un (ham)burgués cualquiera, arutinado en Leipzig (lo que no es tan malo).Aunque no lo creas, no estamos tan lejos: por acá veo a brasileros y argentinos todo el día…. incluso más que alemanes (y no es chiste). Animo y éxito con las (tierras) argentinas!! Y ojalá que Brasil sea testigo de tus pasos…Fil grusen aus Laipsish (como pronuncian acá..)!! Dein Partnä

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