Articles

El problema de Dios en la posmodernidad

In Pelando cables on 28 noviembre, 2005 by santoposmoderno

Hoy hablaremos de Dios.

Primero voy a exponer las razones de por qué voy a tocar este tan trillado tema en este lugar. De alguna forma creo que con la proliferación de pseudo iglesias por todas partes (incluyendo canales de televisión; léase: VidaVisión) hoy en día se hace menester justificar la discusión de un tema tan delicado y posiblemente fome. Supongo que a mis lectores los debe tener chato la tonterita.

Los que no quieran leer, se pueden ir tranquilamente presionando las dos teclas mágicas: Ctrl + W.

Los que no, pónganse cómodos.

Ahora, las razones:

  1. Independiente de que creamos o no en un "ser superior" que nos está vigilando, que haya creado el universo, o que no haga nada pero esté ahí, es importante admitir el hecho de que el hombre "se comunica" con los dioses desde épocas remotas.
  2. Que Dios es un patrimonio cultural occidental y que no podemos soslayarlo como si nada (al menos el Dios del que voy a hablar aquí que es el Dios enraizado en la tradición judeo-cristiana).
  3. Que tanto el pueblo como las instituciones han deformado el sentido profundo de la divinidad, quitándole la categoría que se merece. Convirtiendo el tema en un asunto banal y hasta grotesco.
  4. Que la posmodernidad, la pauta cultural dominante en nuestro contexto, nos entrega claves interesantes para abordar este tema una vez más.

Son estas algunas razones de otras tantas que no detallaré por asuntos de espacio. Baste decir que una vez más, como la mayoría de los textos que han salido en el último siglo, debo pedir disculpas porque probablemente no pueda agotar el tema y queden muchos asuntos por discutir.

Ahora bien, parece casi anecdótico que hace algunos siglos los pensadores se ocuparan de justificar por qué Dios nos creó, cómo poder corresponder a su acto de puro amor, cómo liberarnos del mal y del dolor. A fin de cuentas, cómo podíamos salvarnos.

En nuestros tiempos la cuestión es completamente diferente. Dios ha pasado al banquillo de los acusados. O bien forma parte de la ignorancia popular o se vuelve una estrategia de posicionamiento social. En última instancia, ¿para qué sirve Dios? La gente puede vivir sin Él y la ciencia puede explicar casi todas las cosas del mundo (excepto a Dios, por supuesto) sin recurrir a supuestos de orden metafísicos.

Las razones que esgrimen los ateos/agnósticos para no creer en Dios son muy diversas y no puedo tratarlas todas aquí. Pero creo que las más importantes son dos:

  1. La dificultad de incluir a Dios en una comprensión científica del mundo.
  2. La decepción de una experiencia pasada.

O bien Dios no existe porque el mundo puede ser explicado sin su acción, o bien "cuando le pedí algo no me ayudó".

Lo que está en juego pareciera ser un asunto con dos polos: el relativo a la realidad exterior (el mundo físico) y el relativo a la realidad interior (las vivencias de las personas). La dificultad está en hacerle un huequito a Dios entre estos dos espacios bien establecidos y comúnmente reconocidos por las personas.

Al intentar colocar a Dios dentro de cualquiera de estas áreas aparecen las contradicciones e incoherencias clásicas. No voy a detallar aquí cuáles son puesto que supongo que todos saben lo fácil que es contradecirse al tratar de justificar la existencia de Dios. Existen dos posturas extremas: el creacionismo y el individualismo religioso. El primero se empeña en colocar a Dios como la causa primera del mundo y hacer oídos sordos a la mayoría de las teorías físicas y biológicas acerca del origen del Universo y de las especies (en especial el ser humano). Es una postura francamente tozuda que ni siquiera el Vaticano comparte y creo que no vale la pena discutirla aquí. La segunda postura aboga por un puro subjetivismo religioso y proclama: “Dios es sólo cuestión de fe”. Y termina en los clásicos “yo creo en Dios a mí manera” o “yo creo en Dios cuando quiero”, etcétera. Esta postura está especialmente reivindicada por la cultura democratista de la tolerancia, el respecto y los derechos humanos.

En última instancia aparece la postura intermedia, conocida bajo el nombre de panteísmo. Postula básicamente que Dios y la Naturaleza son una sola cosa. Que “todos somos parte de Dios”, que “Dios es todas las cosas”, etcétera. El problema de esta postura es que se salta el problema de la divinidad. No la niega ni la afirma. La iguala a una abstracción reconocida y la usa para explicar ciertos sentimientos de éxtasis místico asociados generalmente con experiencias de “ser uno con el mundo” o de “disolución del ego”. Tiene la ventaja de que no explica el origen del Universo en términos causales sino tautológicos: Dios se creó con el Universo porque Dios mismo ES el Universo. Por otra parte permite todo tipo de credo individual o estilo new age.

Mi proposición es que Dios no pertenece a ninguna de las categorías descritas y que cualquier intento por posicionarlo en alguna de ellas resulta tarde o temprano insatisfactorio. Dios está en una tercera zona de experiencia, una zona del sentido, la zona donde se desarrolla la cultura. Para presentar mi hipótesis me baso en los trabajos de D. W. Winnicott. Especialmente en su trabajo “Transitional Objects and Transitional Phenomena” (1951) basado en observaciones a niños pequeños y una interpretación sobre el uso que le dan a su primera posesión.

Invito al lector a que investigue por sí mismo el artículo de este autor. Sin embargo, a continuación haré un breve resumen de las ideas que maneja Winnicott: Existiría en el recién nacido una imposibilidad de adaptarse inmediatamente al mundo una vez ha sido parido. Por esta razón la madre debe tomar un rol activo de maternaje y adapatarse a las necesidades del bebé de forma de propiciar una maduración y un desarrollo que le permita enfrentar el mundo al que fue traído. La incapacidad del niño de representarse la separación entre él y la madre lo hace pensar (en su emergente aparato psíquico) que él y el ambiente (la madre) son una sola cosa. A medida que pasa el tiempo recién puede captar la diferencia. Esa transición entre indiferenciación con el medio y una posterior diferenciación de este, está dada por lo que Winnicott llama los objetos y fenómenos transicionales. Un objeto transicional es la primera posesión del niño en esta etapa precoz. Por ejemplo, un pedazo de manta, una lana; cualquier cosa con la que el niño se afana y los padres reconocen como de una importancia vital para reducir la ansiedad del pequeño. En términos prácticos, para le niño ese objeto está bajo su control “omnipotente” puesto que es parte del ambiente que es él mismo. Pero, no obstante, para un observador externo este objeto transicional es claramente algo que posee realidad propia independiente del bebé.

El objeto transicional marca el punto de inflexión entre una realidad indiferenciada y una diferenciada. Hace su aparición en un momento en el que el ambiente y el niño son uno sólo (para él) pero logra sobrevivir hacia la etapa siguiente en donde en efecto hay cosas que están “afuera de mí” y que yo no controlo. Para Winnicott la esencia del objeto transicional descansa en una paradoja que no debe ser resuelta: “¿Lo creé yo o existía antes que mí?” Lo importante es que no se formule la pregunta, que se acepte la naturaleza paradojal del objeto transicional.

La cultura, el arte, la ciencia, compartirían para Winnicott esta característica. ¿Uno hace cultura o ella nos hace a nosotros? ¿Yo inventé esta idea o mezclé otras que ya existían? Etcétera.

Esta clave ofrece considerables ventajas respecto a la relación con Dios. De partida sitúa a Dios en el ámbito de la cultura, en el lugar donde las cosas hacen sentido a las personas. El conocimiento que se puede alcanzar de Dios no radica en la explicación del cosmos. Mal que mal nos podemos explicar el mundo sin recurrir a causas metafísicas, Dios no necesita ser el Creador del Universo para darle sentido a tu vida. Por otra parte, reivindica el valor de la Iglesia como comunidad: la experiencia de Dios está ligada a la cultura. No valen los Dioses de escritorio.

Entender a Dios como una realidad de sentido devuelve la importancia de Cristo como Hijo de Dios. Permite aceptar la actuación del Espíritu Santo sobre la comunidad de creyentes de una forma más convincente. También permite entender las nociones de salvación, del Reino, del pecado y otras tantas.

Tomemos como ejemplo el tema de los milagros en el Nuevo Testamento. Es teológicamente reconocido que los milagros que se relatan en el Nuevo Testamento no pretenden ser demostraciones excepcionales que desafían las leyes de la naturaleza. De hecho, ni siquiera se habla de ellos como “prodigios” (terata), sino como “actos de poder” (dunameis) y “signos” (semeia). Los milagros son una realidad de sentido que comprometía al creyente con Jesús mismo. Un suceso muy simple mirado a la luz de la “fe” puede constituir un milagro para un creyente. Pero esto no significa atribuir a Dios la causa del milagro, sino más bien su sentido profundo.

No se piense que estoy subordinando a Dios a la cultura humana o haciendo una especie de teologismo antropológico. Pensar eso significaría resolver la paradoja que postulé anteriormente. El punto está en aceptar que Dios –sea cual sea su naturaleza– no puede ser aprendido en relación a un afuera o a un adentro. Dios siempre compromete una realidad de sentido que no tiene un correlato físico o meramente psíquico. La relación con Dios se vuelve un asunto de cada día y recupera particularmente el trato con el prójimo. Hace mucho más comprensible que Cristo esté en el pobre. Y es posible homologar el “ama a tu prójimo como a ti mismo” con el “ama a tu Dios por sobre todas las cosas”. Y no por los argumentos panteístas (mi prójimo también es Dios) sino porque el amor al prójimo se inscribe en una dinámica de sentido cristiano.

Como ya anuncié en la introducción, el tema no se acaba aquí. Más bien recién comienza. Pero basándose en estas premisas se puede intentar una fe que se articule con la vida diaria y que no produzca un contrasentido en nuestra cosmovisión. Una de las ventajas que yo considero importante de esta postura es que nos habilita para recobrar todo el patrimonio cultural que hemos heredado y que lleva más de dos mil años de historia. Al fin, ser cristiano no significa tener que adherirse a prácticas populares que rayan en el politeísmo o animismo. Significa una relectura de la religión predominante en occidente, rescatar el valor de las Escrituras y de toda la Tradición cristiana. Aquella que aboga por un mundo mejor y no la que se desbarata en mitologías extra-físicas y corrupción mundana.

Suficiente. Otro día me sigo extendiendo en el tema…

5 comentarios to “El problema de Dios en la posmodernidad”

  1. me interesa y encuentro en tu trabajo algo codiciado, la propuesta de una espiritualidad occidental, sin la salida facil del orientalismo. y la escena de la cultura es sin duda el punto. hace unos tres años que vengo… bueno, despues no comparto mucho más, como el rapido paso por el panteismo, porque hay un concepto, inmanencia inacabada, que tiene que ver con el panteismo o el panenteismo, en filosofia del sentido, muy similar al de los objetos transicionales. me juré no hacerlo pero ya me puse pesado. bueno te propongo cruzar algunos mails, por ahi, de hobby, podemos trabajar en conjunto.como el tema es pesado, yo pruebo con el humor y asumo malentendidos, academicamente ya lo hubiese dejado. fijate en mi url y ahi encontraras algo que tiene cierta proyeccion parecida. aunque yo prefiero el absurdo y el problema del paso lo planteo entre la espiritualidad y la tecnica.saludos

  2. Nice place here. If you want, you can visit me and sign my Guest Map!Bye byeFrom Italy

  3. Estoy idiota, chata, con hambre, media triste también y me da lata leer la media weá que escribiste.Pucha, quisiera que estuvieras conectado porque eres la unica persona con la que hablaría ahora.Me siento como las weas. Te quiero, Javu.

  4. Me encantó eso de Yom Kipur.Pucha, quiero esciribr, ahce tanto que no lo hago. Es que ya nada se me ocurre porque… no sé, hace tiempo estoy rara.Puchaaa conectateeeeY hazme un dibujito en que me rascas la cabeza, Javu. Ya ?

  5. Tus argumentos son tan básicos y con tan poco sustento que da risa lo que escribes, sabes debes documentarte más. Mientras lei encontre 8 errores de base donde puedo contradecirte todo con pruebas Históricas, goegráficas, cientificas, Filosoficas y Biblicas eso sin estudiar bien tus argumentos, nada mas con una lectrura. Oye amigo si vas hablar en contra de Dios te propongo algo conoce a Dios primero y luego que lo conozcas hablas con mas base de Él. El que dice que la sopa no sabe bien es porque ya la ha probado.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: