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En la búsqueda de Yom Kipur

In Diario de vida on 27 octubre, 2005 by santoposmoderno

Apenas duermo por las noches con este asunto. Mi mamá a veces se despierta en la mitad de la noche y me pregunta: «¿Todavía sigues despierto?» Y yo le respondo que sí, mamá. Ni siquiera sube a ver lo que estoy haciendo. Y eso es un gran alivio porque no me gustaría que se metiera en los asuntos que me ocupan por la madrugada.

Yom Kipur se me apareció una noche por mi ventana mientras yo estaba estudiando. Venía con un traje largo y medio transparente. Tocó la ventana con su uña «tic tic» y me sonrió. Desde ese día que espero que aparezca de nuevo.

Anoche salí a escondidas. Mi mamá y hermana dormían hacía rato. Averigüé por ahí que en calle Concha y Toro alguien sabía de Yom Kipur. Caminé hasta allá sin abrigarme mucho. Pero lo lamenté.

– Hola –dije.
– Pase, pase.

La señora me hizo un ademán para que pasara. Cuando estuve dentro me miró de arriba hacia abajo. Me sonrió. Una sonrisa agradable, que no hizo más que recordarme la de Yom Kipur e impacientarme más.

Recuerdo como flotaba frente a mi ventana. Me susurró entonces: «Estudia». Pero yo quería saber quién era y que hacía volando ahí. Abrí la ventana y miré a Yom Kipur.

– Hola –me dijo.
– Pasa, pasa.

Yom Kipur entró. Y se sentó en mi escritorio. Me moví un poco hacia al lado y de pronto ya no estaba. Abrí bien los ojos; no podía creerlo.

Escuché una risa y Yom Kipur volvió a aparecer.

– ¿Cómo hiciste eso?
– Yo no hice nada –me dijo–. Tú te corriste hacia el lado.

Sucedía que Yom Kipur no tenía perfil. Tampoco tenía reverso. Sólo tenía anverso. Si no miras a Yom Kipur de frente, no puedes ver a Yom Kipur.

– ¿Le sirvo una tacita de te? –me preguntó la señora.
– Sí, por favor.

Esperé en el living de esta casa tan antigua. Había lo típico de una casa antigua, es decir, cosas antiguas. Los sillones viejos, la estufa a parafina, un montón de puertas, un techo como a cuatro metros del suelo.

Volvió con la taza y me empezó a contar:

– Mi hijo se había casado hacía varios años. María Antonieta se llamaba ella. Tenían una hijita preciosa, mi nieta.

La señora se emocionó y comenzó a contarme las cosas que hacía ella con la nieta. Cuando la visitaba, como cocinaban juntas, etcétera.

– Una noche salieron los dos y dejaron a mi nietecita sola. Yo no estaba en Santiago, así que no podían dejarla conmigo. Si hubieran sabido lo que iba a pasar…

Aquí se me puso a llorar la señora nuevamente. Miré la hora: ya tenía que volver a mi casa. Nadie sabía que estaba aquí y si mi mamá de despertaba se podía asustar.

– Pero, señora –dije con sutileza–, ¿cómo fue que Ud. supo de…?
– Fue esa noche, mijo. Los padres salieron y la chica se quedó sola durmiendo. Debió haber estado cansada la pobre. En la noche salió esa persona que Ud. dice…

Estaba ansioso de saber todas las pistas acerca de Yom Kipur.

–…salió del refrigerador. Caminó por la cocina como un curado, dando vueltas por todas partes. Era bajito. Así que estiro sus brazos para poder subirse a alguna parte. Se colgó de las perillas del horno y sin darse cuenta dio todo el gas. Después se aburrió de dar vueltas y se regresó al refrigerador.
– ¿Y su nieta estaba sola…?

Comprendí todo el resto. La hija había muerto ahogada. Los padres habían vuelto y se habría percatado de la muerte. Crisis en el matrimonio. Separación. El padre se va a trabajar fuera de Santiago para hacer una vida nueva. La madre vuelve donde sus padres por un tiempo. Qué sé yo.

– Disculpe, señora. Pero no me calza con la información que tengo.
– Chandelle se llamaba –me dijo–. Ese es el nombre del asesino a quien Ud. busca.
– ¿Disculpe?

Silencio.

– A mí me dijeron que Ud. buscaba a alguien con un nombre de yogur. Y esta es mi historia. Es todo lo que sé.

Yo no andaba buscando un chandelle, ni un yogur. Estaba buscando a Yom Kipur. Y al parecer esta señora no podía darme ninguna pista.

Le agradecí a la señora su tiempo.

– Creo que tengo que irme, señora.
– Carabineros no lo pudo encontrar –me dice–. Si Ud. sabe algo…

Le dije que no se preocupara. Que cualquier cosa le avisaría.

Me fui a mi casa nuevamente. Como hacía frío, corrí hasta ella. Entré silencioso y subí hasta mi pieza. Me puse el pijama y me acosté. Cerré los ojos.

Escuché un «tic tic» en la ventana.

Volví a abrir los ojos. Pero no había nada. Me levanté y fui a abrir la ventana.

Yom Kipur podría haber estado ahí perfectamente. De lado, o dándome la espalda. Nunca podría saberlo. Así que me resigné una vez más.

– Buenas noches –susurré.

Y me dormí.

6 comentarios to “En la búsqueda de Yom Kipur”

  1. The Boc…!!! Do’h!!!!

  2. fascinacion maxima de mi parte… espero una continuacion o un final mas claro… donde estaba Yon?besos para ti, javier(tmb hecho de menos tus comments)

  3. Jaja, chandelle! por suerte no los mato a todos cuando estuvo en tu casa, uf! (q haria yo sin mi XcoStr?). te salvaste de chandelle, pero todavia no de yom kipur. te da miedo? a mi si! pero èl te ve cuando te mira de frente? por q si tu no lo ves, alomejor èl tampoco. alomejor es como las gallinas y las aves, q te miran de lado. oye respondi tu msj en el flog de la Marce ( es VERANO! :P) Love You So Much!!y lló?Besos, besos, besos, besos,besos, besos, besos,besos, besos, besos,besos, besos, besos,besos, besos, besos,besos, besos, besos,besos, besos, besos x infinito x SC/gl.

  4. Grande partnä.. muy muy bueno.Eso sí, el nombre de Yom Kipur podría haber sido algo más neutro, no? O acaso el no-ver-de-perfil tiene alguna relación con el ayuno judío??Ídolo, sigue escribiendo (y vota 1a, claro está)Saludos, CR

  5. you are unlimited

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