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La muerte de don Genaro

In Cuentos on 28 septiembre, 2005 by santoposmoderno

(Este texto data del 12 de mayo del 2003. A pesar de su antigüedad, he decidido publicarlo tal cual, sin modificaciones. Más allá de su valor literario rescato su valor histórico: Ciertamente se trata de uno de mis primeras creaciones y como tal le guardo cierto afecto. Además es un texto contemporáneo a Conversación en la sala, posteado anteriormente.)

Don Genaro tenía exactamente 72 años cuando una enfermedad lo hizo postrarse en su cama definitivamente. Tanto él como su familia sabían que era cosa de tiempo para que la fiebre y los dolores acabaran con la vida del pobre anciano.

Cierta noche, cerca de las cinco de la mañana, se abrió la puerta de la habitación iluminada de don Genaro y entró una silueta encapuchada. El hábito era largo y negro, contorneaba una joven figura femenina y le tapaba adecuadamente el rostro con una caperuza. Ésta se detuvo frente a la cama de don Genaro y le dijo:

–He venido por usted, señor.
–¿Quién es usted? –preguntó asombrado el anciano invadido–, ¿qué quiere de mí?
–Soy la Muerte –dijo, echándose hacia atrás la capucha y dejando ver un rostro grácil, de cabellos largos y negros con unos ojos tan azules como el mismísimo cielo.

Don Genaro dudó de esta afirmación y se quedó perplejo en su cama. Sin poder moverse y sin saber qué decir exactamente, se aventuró desafiando al extraño huésped:

–Si es usted… –bajó su tono de voz– quien dice ser. Entonces, ¡demuéstrelo! –y al decir esto una gota helada corrió por su rostro.

La mujer se sentó en la silla junto a su cama y le tomó el brazo.

–¿Qué siente? –le preguntó.
–Nada.
–Y hasta hace unos segundos usted no podía ni moverse del dolor.

Don Genaro estaba completamente asombrado de esta demostración y entonces no dudó ni un segundo de la reveladora identidad del personaje que tenía al frente.

Pasaron unos cuantos minutos antes de que se reanudara la conversación.

–Supongo que ha llegado mi hora.
–En efecto –dijo la señorita moviendo sus graciosos labios–, por lo que he venido a llevármelo.
–¿Y cómo lo hará usted? –preguntó el anciano más preocupado de la dama que tenía al frente que de la respuesta.
–Pues me temo que debo matarlo –y abrió su mano mostrándole una pastilla.

La mujer le acercó el vaso de agua que estaba en el velador y el anciano se la tomó sin titubear.

–¿Qué era? –quiso saber.
–Viagra –respondió la señorita levantándose de la silla y descorriendo las sábanas de la cama.

Después se levantó el hábito y se subió a la cama y sobre el anciano. Con un movimiento vertical continuo, que a ratos parecía un tanto salvaje, la Muerte se hizo suya completamente. Se terminó de sacar la ropa y dejó que don Genaro recorriera con sus ásperas manos las suaves curvas y los maduros senos de su atacante. Conoció también al tacto de su propia boca esos labios carnosos que tanto le sugerían.

A las cinco y media de la mañana, don Genaro falleció de un infarto al miocardio, como expresó el médico forense más tarde. Su familia recién vino a enterarse a las 7 de la mañana de ese mismo día, cuando su esposa le llevó el desayuno a la pieza.

Su funeral se efectuó dos días más tarde, donde se dio cuenta de la calidad de intachable de este hombre, quien había sido un fiel esposo y un excelente padre.

5 comentarios to “La muerte de don Genaro”

  1. Hombres.Me acordé de una historieta de Quino con esto.Tal vez algún día te la muestre.

  2. La carne es débil… demasiado quizás…

  3. Ni me molesté en terminar de leerlo… las personas son tan ignorantes.. piensan que la muerte es un juego o algo así. Cómo se le ocurre a ese hombre escribir que la muerte se le apareció y habló con él?????? La muerte es cruel, toma nuestra vida ya sea de forma dolorosa o no, pero como quiera le aseguro que la muerte no se le va a aparecer a nadie a decirle… "Llegó tu hora" ES SIMPLEMENTE ESTUPIDO, si fuera así yo no me intentaría suicidar solo me sentaría por ahí a esperarla.

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