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El día que sentí como Bush

In Pelando cables on 16 septiembre, 2005 by santoposmoderno

(Para la edición del mes de septiembre de Tras-Torno.)

– ¿Y, Ud. mijito, ya sabe por quien va a votar?
– No, no sé. Porque no me inscribí. Y tampoco creo que lo haga.

Es el almuerzo "familiar" en casa de mis abuelos. Mi abuela me interpela con esa pregunta. ¿Pregunta? Digo: ironía de la peor calaña. Es 11 de septiembre y me pone la cuestión de por quién voy a votar. Si hace 30 años les botaron un presidente y hace como cinco un musulmán botó unas torres en no sé dónde. Y con todo el show que han armado desde entonces, ¿quién quiere votar en realidad?

Obviamente mi papá no es de la misma idea que yo. Puedo interpretar su cara de decepción hacia mi falta de compromiso ciudadano. Sus argumentos:

  1. Es un deber cívico.
  2. Si no votas, después no puede alegar.
  3. Tu actitud es de un adolescente rebelde.

Cuál argumento más falaz que cuál. Para sus adentros se dice: "Estos jóvenes de hoy en día deberían leer a Platón y Aristóteles y dejarse de payasadas". ¡Claro! Así es re fácil: ponme en la pseudocracia de Aristóteles o en la república de Platón y voy a votar encantado. Si quieres llamo a mi amigo Tomás Moro y nos vamos a su utopía (u-topos) en medio de la nada y formamos nuestro propio estado independiente.

A veces me pregunto si mi papá tiene alguna idea de lo que es la política en realidad. Recuerdo mis años mozos en los que fui del CAA de mi colegio. La política es burocracia; sonrisas falsas y puñaladas por la espalda. Un puro ejercicio de diplomacia. Los grandes puestos comandados por grandes idiotas. El trabajo sucio lo hacen los funcionarios. La vida de jefe es cócteles, viajes de "negocios", y las clásicas "reuniones".

– Hola, ¿podría hablar con el Sr. Mandamás?
– Un momentito, ¿su nombre?

Al rato después:

– No, sabe que está en una reunión y no puede atenderlo.

Uno llega al mundo de la política con grandes ideas y ganas de transformar las cosas. Y se convierte en un gordinflón más. Amigo de los auspiciadores y con casa en la playa. Si no te gusta esa vida, simplemente te hacen desaparecer. Después de pensarlo dos veces, habría que ser tonto para no elegir la casa en la playa. (Traducción: Yo fui tonto).

En mis arrebatos adolescentes me da por desconfiar de la competencia de los padres. Como si ellos no tuvieran años y años de experiencia: "Ya lo sabrás cuando lo vivas". Pero pienso en mis papás separados y en mi primo de 10 años jugando Sims. No lleva ni tres meses con el computador y ha sido 50 veces padre, madre, hijo e hija. Mi primo sabe perfectamente como mejorar una situación familiar con el menor costo y en el menor tiempo posible.

– Hay que subirle la popularidad al papá. Hacer que la mamá descanse. Y comprar un adorno para el living.

O sea: invitar al compañero de trabajo del papá, hacer el aseo e ir al Homecenter. Y hasta ahí llegó la pelea en la casa.

Hablábamos de política. Me acuerdo de cuando yo era chico y de cuando los juegos del computador no eran en tres dimensiones. Obviamente no había Sims, pero había Civilization II.

“Civ II is still regarded by many people as the best strategy game ever created”.
PC Zone Magazine.

Cuando hablo de esto me pongo fanático. Como la otra vez que me dijeron que la filosofía acabó en Platón y que la literatura terminó con Borges. Para mí el clímax de los videojuegos se llama Civilization II.

Sinopsis: Civilization II es un juego por turnos en el que eres el líder de una nación-civilización que controlas a través de miles de años de historia. Administras el desarrollo tecnológico, la diplomacia, la economía, la industria, etcétera. Construyes tus ciudades, puedes invadir otras civilizaciones, decides como explotar los recursos naturales. Desde el arco y la flecha hasta las bombas nucleares. Desde la rueda hasta las naves espaciales.

Alguien que haya jugado tantas veces Civilization en su vida, sabe perfectamente cuáles son las ventajas y desventajas de la monarquía frente a una república o del comunismo frente a la democracia.

Me acuerdo que una vez había creado la civilización más exitosa de todas. Les llevaba siglos de diferencia en desarrollo tecnológico e industrial a mis competidores. Tenía la nación más rica y próspera de la historia y había decidido que dejaría a las otras civilizaciones en paz y no abusaría (mucho) de ellas.

Todo iba demasiado perfecto. Pero de pronto apareció un misil que impactó contra una de mis ciudades más avanzadas, matando a miles de personas y destruyendo muchas de las instalaciones. De confiado que fui, había decidido no construir un escudo antimisiles en esa ciudad. Ahora estaba sufriendo el ataque de una civilización envidiosa.

Cuando vi el impacto pensé para mis adentros: “&$!@! %*#@!!”

O dicho en castellano: "¡Qué *** se imagina esta *** de civilización que se atreve a lanzarme un *** misil a mí! ¡A mí! ¡Yo que no le hice nada y soy la civilización más poderosa! ¡Y tengo un régimen democrático y pacífico! Malditos fundamentalistas de ***, ya se las verán conmigo…"

El problema era que estando en un régimen democrático tenía problemas para entrar en guerra sin que los ciudadanos hicieran manifestaciones. Pero mi orgullo herido era más fuerte: Así que mandé a construir bombas nucleares a mis ciudades más grandes. En un par de turnos ya me había apoderado de la mitad de las ciudades de la civilización insurrecta. Y me suplicaban que no los destruyera por completo. Hasta me ofrecían dinero. ¡Mua ja ja ja ja!

Entonces medité el asunto: ¡Me había convertido en un Bush cualquiera!

Qué horror. ¿Y ahora entienden por qué no quiero votar? Uno no sabe lo que tiene dentro hasta el momento de los qué-hubos. ¿Qué pasa si en el cubículo mi mano se vuelve loca y termino haciendo la raya frente a “Joaquín Lavín”?

“En mi gobierno voy a tener a los mejores sin importar su tendencia política: mi apuesta es por las personas, no por los partidos”, dijo Lavín una vez. Pero Lavín es como los gremialistas: se dice independiente y todo el mundo sabe que es UDI.

¿O votar por Hirsch? Como si alguien creyera en el comunismo después de la caída del muro. ¿O por la gordita simpática?

Me acuerdo una vez que fui a Perú y nos hicimos amigos de unos pescadores en la playa. Y vino la clásica pregunta: “¿Y qué opinan los peruanos de Chile?”

“En Sudamérica”, respondió Machín, “Chile es el niño rico con el que nadie juega”.

(Después no me acuerdo que más dijo, porque nos fumamos un marciano y se nos apagó la tele. Al día siguiente nos habían robado la mitad de las cosas).

¿Y si votara por Piñera? El tipo seguramente creería que Chile es una de sus empresas y después de los seis años de mandato seríamos el país con mayor crecimiento económico en toda América. Y E.E.U.U. nos ofrecería ser otra estrella más en su bandera.

Pero al poquito tiempo tendríamos atentados de bolivianos fundamentalistas que se tirarían en parapente contra la torre de Telefónica. Demás que nos matan un limpiavidrios.

Ergo, Piñera no la lleva.

Así que mi deber cívico me lo meto en el bolsillo. Y por mientras me preocupo de ver quién va a salir de Presidente de la Junta de Vecinos o del Centro de Madres que está a la vuelta.

Lo sé: Aristóteles estaría de acuerdo conmigo.

6 comentarios to “El día que sentí como Bush”

  1. Por eso yo VOTO… NULO!!!

  2. Apología del Gremialismo UCNo sé por qué, pero me siento violentado en varios puntos de tu cuento/manifiesto. Quizás será porque la palabra pseudocracia no existe en griego (o bien, no tendría ningún sentido) o porque, a pesar de que siempre utopía se traduce como "ningún lugar" no tiene ningún fundamento en la lengua ática: la partícula privativa es la A y no la U, sería algo así como Atopía.Si bien me sonrío (Chiste: ahorro psíquico, hacer explícito desde afuera algo que me habría costado hacerlo desde adentro –> me identifico y sonrío) con varias de las ideas, me veo en la obligación moral de defender al Gremialismo. No a Lavín, no estoy tan seguro de cuánto la lleve (aunque sea greamialista y Opus Dei) sino al gremialismo como doctrina. Eso de "se dice independiente y todo el mundo sabe que es UDI" es perfectamente aplicable a nuestro querido nerd político (de hecho, ES UDI) pero no al MGUC. El cuento es simple: un principio central del gremialismo es la autonomía de las instituciones intermedias. A medida que he ido conociendo la gente de adentro, la cagó que me ha sorprendido cuán presente se tiene esta idea en cada cosa que se hace. El otro día, la Maida Alessandri, de la directiva, contaba como un amigo suyo, de las juventudes de la UDI le pedía gente para la campaña de Lavín. "Feliz te paso nombres de gente interesada, pero ni toques a los gremialistas". No son pocas las historias de roces y hasta conflictos entre partidos de derecha y el MG. En fin, yo estoy involucrado porque en verdad he visto una actitud totalmente coherente con los principios que predican. En el minuto que sepa de la más mínima relación (real, y no del tipo acusada por pasquín de izquierda) entre el MG y la UDI, agarro mis cosas y me voy al OI.En fin, sólo quería iluminar algo el mito MG = UDI

  3. Votar no sólo corresponde a un deber cívico. El acto de votar implica el apoyo a la democracia. La democracia es tan sólo un sistema de elección de gobernantes, que implica que los ciudadanos elijan periódicamente a quién le delegan el poder (porque no todos pueden tenerlo al mismo tiempo, ello nos llevaría a una anarquía o tal vez al Estado de Naturaleza de HOBBES o el que menciona ROUSSEAU, antes de que la humanidad se comprometiese en el "Pacto Social" que plantea él). Es un sistema, además, que le da el poder a la mayoría.Aristóteles no estaba de acuerdo con la democracia. Pensaba que el mejor gobierno era el de la Aristocracia, entendida esta como "gobierno (o poder) de los mejores", ahora, quienes eran los mejores, Aristóteles lo explicita largamente en una de sus obras que leí hace como 2 años ya y no recuerdo el nombre. Pero podría buscarlo.Rousseau tampoco veía a la democracia como una buena opción para elegir al gobierno.El concepto de democracia griego, el que regía mientras gobernaba Pericles, es totalmente diferente a la democracia de hoy en día. Esto se debe a que la democracia actual está inspirada en los tiempos modernos, post Revolución Francesa, donde se plantean los conceptos de igualdad del hombre, Estado, Nación y otros.El no votar puede representar una opción contraria a este sistema. Quizás no esté de acuerdo con que la mayoría gobierne… aunque tampoco creo que una minoría sea la que tenga que gobernar. Tal vez se te ocurra otro sistema de elección de gobernantes, no sé – los Toquis se elegían por una prueba de fuerza y resistencia, los reyes por herencia, tal vez se pudiese hacer una rifa de los cargos.La democracia garantiza a la mayoría el gobierno, que va a hacer lo que sea de su interés (no puede ir contra ella misma). Le garantiza por lo tanto sus derechos – inspirados en la carta de derechos del hombre y el ciudadano redactada tras la Revolución Francesa, que inspira la democracia actual.Cada derecho, por lo demás, conlleva deberes. Hay ciudadanos que cumplen su deber y otros que no. Aún así, estos últimos no pierden sus derechos porque están siendo MANTENIDOS por quienes sí cumplen sus deberes. Si estás en contra del sistema, es válido – pero ten en cuenta de qué se trata.Espero no haber sido exageradamente densa al respecto.

  4. Si distinguimos al sistema político, definimos su selectividad como una manera de establecer un sentido con su entorno y acoplarse comunicativamente a los sistemas circundantes, que desde la complejidad, lo fundan. La operación que realiza tal sistema para reproducirse y autoorganizarse, debe sostener no sólo su autoreferencia sino también su consitutividad, su autopoiesis, su orden de 2do grado. El código de selección con el que este sistema reduce complejidad y propone horizontes se forma en la distinción sistémica gobernar/no-gobernar, cuya familiaridad con las funciones de ordenar, administrar y ejecutar ("poder ejecutivo"), avalan la autonomía operativa que el sistema posee y su integridad en la situación en que se plantea a sí mismo. En este sentido, el ejercicio de elegir a un candidato, puede que se acerque muchísimo más a ser un dispositivo selectivo, que a constituir una mera comunicación del sistema social, puesto que el sistema político en cuestión, clausurado operacionalmente, aunque necesita del sistema eleccionario para constituirse, no reingresa esa distinción en su organización. Es menester entonces distinguir el sistema eleccionario en su propia autonomía, y definir su selección "legitimación/desligitimación" como la relación que establece con su entorno, en que se incluyen, por ejemplo, el sistema social y el legislativo (en el que se enmarca el subsistema de la constitución). No asumir finalmente la "elección" como una operación, sino más bien como una descripción social, nos lleva a comprender la democracia como una distinción sobre la recursividad del sistema eleccionario y no como el "sistema político adoptado por nuestra sociedad", y con ello a reconocer mejor la efectiva relación entre subsistemas sociales y la autonomía en su interdependencia. Quizás la respuesta acerca de la verdadera transformación que ocurre al momento de votar en las elecciones presidenciales y parlamentarias, pueda surgir con más claridad si asumimos una postura cibernética al momento de referirnos al "poder" político y quienes han sido legitimados como sus observadores recurrentes.

  5. estoy de acuerdo, aristoteles te abalaria :)pero no nos queda mas que ser una empresa, tener nieve o postular a lo mismo que antes… soñar con volver a ser comunistas es muy complejo.un beso, sr santo. buen post :)

  6. Como yo no voto, porque no puedo, porque ni siquiera tengo argumentos más que esos, pero me gustaría, voy a hablar del Civ III.Porque ese es el que tengo.Y porque es la raja.Civ III = LoveMuchas gracias,arroz.

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